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IMPACTO
AMBIENTAL
Antonio Núñez
Jiménez
En
la literatura ecológica se ha impuesto el concepto moderno
de impacto ambiental: la alteración del medio ambiente y los
seres humanos que en él habitan, debido a las acciones antrópicas.
La bioética, impulsada principalmente por Federico Mayor Zaragoza,
Director General de la UNESCO, insiste en crear una conciencia en
la Humanidad para restablecer el equilibrio entre el Hombre y la Naturaleza.
En el Congreso Internacional de Bioética, 1991, se trató
el tema de cómo la ciencia deberá insistir en no dominar
más la Naturaleza, sino restablecer el equilibrio perdido entre
la Naturaleza y el Hombre.
CONSTRUCCION DE PRESAS. VENTAJAS Y DESVENTAJAS
Es imprescindible para la construcción de nuevas presas conocer
los resultados, tanto positivos como negativos, atesorados por la
Comisión General de Grandes Presas (ICOLD) para tratar de evitar
errores costosos a la economía y al medio ambiente. De manera
general, las presas se construyen para el control de las sequías,
facilitar el dominio de los caudales excesivos para el riego, obtener
energía hidroeléctrica y agua potable, la navegación
fluvial, sin olvidarnos del beneficio que generan al deporte, al turismo,
a la pesca y a la pisicultura; no obstante cada vez hay más
oposición por parte de los ecologistas al comprobarse que no
obstante los beneficios citados anteriormente se convierten en maleficios.
“El verdadero problema que hay que resolver consiste en saber si las
presas son útiles o dañinas; en su conjunto, contribuyen
a mejorar el medio ambiente y aumentar el bienestar del ser humano,
o si lo deterioran; también determinar, en cada uno si procede
llevar a cabo su construcción y qué características
han de tener”, según acuerdo del Congreso de la ICOLD, celebrado
en Madrid en 1973.
El Hombre viene construyendo presas desde hace cinco mil años.
La primera se cree que fue en el Río Jordán. De allá
a acá se han hecho 40 000 grandes presas según el Registro
Mundial de la ICOLD. Solamente en los últimos 35 años
se han construido tanto como en 5 000 años anteriores, cifra
alarmante si tenemos en cuenta que por tal aceleramiento muchas han
terminado en un fracaso completo.
Las presas hidráulicas solo cubren hasta el 7% de las necesidades
energéticas del mundo.
La UNESCO y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente
(PNUMA) han elaborado un importante documento titulado “Los recursos
de agua dulce”, donde se exponen los probables efectos negativos de
las presas sobre el medio ambiente, como son, la modificación
de los ecosistemas, la pérdida de suelos útiles, aumento
de las enfermedades vinculadas al agua, como la esquistomiasis y paludismo,
modificación de los sedimentos y de la calidad del agua, peligro
de inundaciones tras una ruptura de la presa, modificación
del régimen de la pesca, de la agricultura, desplazamiento
de poblaciones, posible efecto sobre la sismisidad, modificación
del clima, desaparición de flora y fauna y por lo tanto afectación
de la biodiversidad.
Benjamin Fong Chao, geofísico del Centro de Vuelos Espaciales
de la NASA, afirma que las más grandes presas hidráulicas
de la Tierra, 88 en zonas templadas de la Tierra con capacidad de
10 mil kilómetros cúbicos, con un peso de 10 billones
de toneladas, equivalente a toda la humedad existente en la atmósfera
terrestre, pudieran influir en la velocidad de nuestro Planeta al
inclinar ligeramente el eje de la Tierra por el peso del agua embalsada
y que, además, hace disminuir el nivel del océano, debido
a que en los embalses se deposita agua que de otra manera permanecería
en el mar. Tales resultados fueron publicados en la Revista Geophysical
Research Papers, 1996.
Igualmente se ha dicho que el enorme peso de algunas presas pudiera
romper el equilibrio de la corteza terrestre y generar sismos.
El Hombre no puede renunciar a realizar aquellas obras que cree necesarias
para su progreso, pero debe también comprender de su enorme
incapacidad para prever los males que engendran contra sí mismo
al llevarlas a cabo. Un ejemplo: la presa Ejército Rebelde
en el Río Almendares se construyó para disponer de más
agua para la agricultura, pero nunca se ha llenado, porque gran parte
se infiltra hacia el subsuelo calizo, una ventaja, porque enriquece
hidráulicamente el manto freático, pero entonces acaeció
un mal no previsto: el Almendares dejó de fluir a partir del
Parque Lenin aguas abajo con fuerza suficiente para la permanencia
de la corriente, lo que trajo como consecuencia el estancamiento de
sus aguas, su mayor contaminación y pudrición. Sucedió
a sus aguas lo que a un servicio sanitario que no descarga sus excrementos.
Un cuadro fiel y probatorio de lo expresado por Federico Engels en
cuanto a que la Naturaleza se venga cada vez que el Hombre intenta
modificarla en gran medida.
Inmediatamente después del huracán “Flora”, en 1963,
se emprendió la construcción de un sistema de presas
a lo largo del Río Cauto, el más largo de Cuba, para
evitar las catastróficas inundaciones y devastaciones de las
grandes avenidas de agua.
Hoy, aparte de los beneficios que pueden haber reportado tales construcciones
hidráulicas, el Cauto se ha contaminado de tal manera que a
muchas de las comunidades construidas en sus orillas es necesario
llevarles pipas de aguas para sus necesidades esenciales
Tenemos otro ejemplo: la enorme presa de Akosombo, en el Río
Niger, Ghana, la mayor del Mundo en la década de los sesenta.
En primer lugar, la idea originada que se podría navegar por
el lago artificial que separa en dos el territorio de aquella república
africana, resultó un fracaso porque ni siquiera cortaron los
árboles del vado.
El romántico Río Danubio, antes llamado Azul, ha sido
convertido en gris, y lo que es peor, es la cloaca de gran parte de
Europa a lo largo de sus 2 860 kilómetros por nueve países,
con diez ciudades de más de 100 000 habitantes, donde desaguan,
los residuos de más de 76 millones de personas y donde surcan
más de 3 500 barcos anualmente.
Ahora el Tribunal Internacional de La Haya debate las denuncias contra
el impacto que ya genera la presa de Gabcikovo, comenzada a construirse
hace unos seis años entre Hungría y Eslovaquia, país
éste que puso unilateralmente a funcionar el proyecto, mientras
que el segundo lo abandonó tras las demoledoras críticas
de expertos ecólogos. El Fondo Mundial para la Naturaleza,
después de analizar el proyecto y sus efectos negativos durante
sus cuatro años iniciales, comprobó que el embalse desvía
el 80 % de las aguas del Danubio hacia la presa y después a
un canal energético sellado de 17 kilómetros de largo,
elevado a 18 metros sobre el suelo, con 737 metros de anchura. El
desvío del caudal ha ocasionado su impacto de deterioro a unas
8 000 hectáreas de bosques de inundación, antiguamente
uno de los ecosistemas más ricos de Europa. La presa ha decrecido
en más de 80%, mientras que el nivel freático ha bajado
de 2 a 4 metros.
El inolvidable Comandante Jacques Cousteau, después de sus
estudios de años en el Danubio dominado por la presa de Gabcikovo,
protestó de aquel crimen ecológico, mientras sus colaboradores
escribieron: “Visto desde el aire [la presa] parece una gran cicatriz
que corta un espléndido bosque aluvial” y calificaron la obra
de monstruosa, de beneficios nulos desde los puntos de vista de la
navegación y de la hidroenergía y al final señalaron
que su efecto contaminante es el de una bomba química de tiempo.
Todo esto aparte del daño que la obra ha ocasionado en el delta
y en la costa del Mar Negro, el segundo humedal de Europa, declarada
Reserva de la Biosfera por la UNESCO.
Un caso desastroso es el ocurrido en el embalse de Marmolejo en la
Cuenca del Guadalquivir, España, donde los lodos arrastrados
por las abundantes lluvias han reducido al límite la capacidad
de la presa; esto ha planteado la necesidad a la Confederación
del Guadalquivir a realizar en el futuro el dragado del río
para recuperar la velocidad normal de sus aguas, pero aún esta
operación se califica de “solución coyuntural” y los
expertos han propuesto cambiar las prácticas agrícolas
actuales para frenar la sangría erosiva.
Reiteremos que es importante, al realizar una obra, estudiar los impactos
positivos y negativos que tendría sobre el medio ambiente y
la economía. Un ejemplo bien ilustrativo es el de la presa
hidroeléctrica del Río Nilo, construida en 1971 por
soviéticos y egipcios. Las aguas represadas aumentaron un 30
% los cultivos por la irrigación y multiplicaron por dos la
producción de energía eléctrica, además
de elevar el nivel freático por encima de la media de Africa;
esto ocasionó daños a la población nativa, así
como a los nubios, que se vieron obligados a emigrar; el dique detuvo
el limo, rico en minerales que desde milenios atrás fertilizaba
naturalmente la tierra del valle y que además era un factor
importante en el ecosistema del Mar Mediterráneo y, sobre todo,
que el limo cubrirá en su totalidad el vaso de la presa o Lago
Nasser e inutilizará en el futuro esa obra hidráulica,
la mayor del mundo; por lo tanto, ésta no es sustentable a
largo plazo.
En el lago artificial de Assuan se pierde por evaporación más
de diez mil millones de metros cúbicos de agua cada año;
el agua, además, se infiltra profundamente en el subsuelo,
con la consiguiente salinización de las aguas subterráneas;
el cieno sostenido por la presa, equivalente a unos 100 millones de
toneladas y que antes los campesinos utilizaban para fabricar ladrillos
y como abono natural y que ahora tienen que ser químicos y
más costosos; también es necesario agregar que los antiguos
suelos arenosos, al faltarles la capa protectora del cieno, ahora
son víctimas de la acción erosiva del viento del desierto.
Más grande aun que la presa del Lago Nasser es la llamada Presa
de las Tres Gargantas a lo largo del Río Changjiang, China,
que será la de más poder hidroeléctrico del Planeta.
Las obras comenzaron el 8 de noviembre de 1997. Veinte mil trabajadores
se movilizan para construirla. Se hace necesario la evacuación
de 1 200 000 de seres humanos. Enormes tesoros arqueológicos
quedarán sumergidos bajo sus aguas.
Los 24 generados de las presas tendrán capacidad para producir
18 200 megavatios de electricidad.
La altura del muro de hormigón de la presa tendrá una
altura de 185 metros. Esa presa ayudará a formar un lago de
600 kilómetros de largo que permitirá la navegación
de barcos mayores.
Considerada la mayor obra de ingeniería emprendida por el Hombre
a lo largo de su historia, más aun que la Gran Muralla China,
ha sido presupuestada en 29 000 de dólares.
Los ecologistas han comenzado a criticar la descomunal obra hidráulica
y la conceptúan de “la alcantarilla abierta más grande
del mundo”. Recuérdese que el Río Changjiang es, por
su largo, el tercero del orbe, solo superado por el Amazonas y el
Nilo. Como estos últimos, la corriente china lleva en suspensión
más de 350 millones de toneladas de lodo, que al encontrarse
con el obstáculo de las presas no solo aumentará su
volumen de tales sedimentos, sino que su flujo se verá impedido
en gran medida. Se augura que el cierre de la presa bloqueará
el puerto fluvial de la ciudad de Chongquing. Se ha manifestado también
la preocupación por la desaparición de especies de la
flora y la fauna en la zona afectada por la hidroeléctrica.
EL CONVENIO INTERNACIONAL DE LUCHA CONTRA LA DESERTIFICACION
El 26 de diciembre de 1996 entró en vigor el Convenio Internacional
de Lucha Contra la Desertificación, noventa días después
de que numerosos países ratificaran su adhesión al texto
de la misma, aprobada originalmente en 1994 por 115 estados y cuyo
objetivo es detener el avance de ese mal que amenaza la existencia
de mil millones de seres humanos en cien países. Este tratado
es el tercero adoptado después de la Cumbre de Río,
celebrada en 1992, y en el que participaron 130 países; en
él se define la desertificación o desertización
como la degradación de las zonas áridas, semiáridas
y subhúmedas secas, originadas por diversos factores, como
las variaciones climáticas y las actividades negativas del
Hombre y que afectan al 30 % de la superficie terrestre.
DESERTIFICACION
Mientras el hambre agobia a los pueblos, continúa la degradación
de los suelos y se sabe que el 25% de las tierras agrícolas
están afectadas negativamente. Cada año, 6 millones
de hectáreas de tierras cultivables se convierten en desiertos,
una superficie tan grande como Suiza. Por distintos motivos, se pierden
24 000 millones de toneladas de tierra útil, mientras que el
20% de las tierras irrigadas son salinizadas.
En Cuba, la salinización producida especialmente en zona de
la costa meridional de Guantánamo, ha dañado 26 000
hectáreas, de las cuales se ha rescatado una buena extensión
y donde hoy se obtienen rendimientos tres veces más altos,
donde antes no se podía apenas cultivar viandas y caña.
Un viejo proverbio chino dice que “Si el Hombre engaña a la
Tierra, la Tierra engañará al Hombre”, destaca la periodista
Raisa Pagés en el diario Granma del 30 de agosto de 1996, al
referirse correctamente a la labranza en Cuba con implementos que
compactan las capas inferiores y sólo mueven la parte superior,
con el consiguiente daño a la agricultura, como proclama el
Instituto de Mecanización de la Agricultura.
El avance de la desertificación es tal que ya afecta a más
del 40% de nuestro Planeta y a cerca de mil millones de seres humanos,
entre los que existen 10 millones de los llamados refugiados ambientales
y se espera que esta última cifra sea de 150 millones en el
2050. A estos resultados llegaron ciento veinte especialistas de ochenta
países reunidos en Lisboa en un evento de la ONU; en sus conclusiones
expusieron que “la desertificación es un proceso global que
afecta a todos los continentes y es un poderoso motor para generar
las migraciones de los habitantes de las zonas afectadas y la consiguiente
degradación ecológica”.
El avance de los desiertos, según el Convenio de Naciones Unidas
sobre Desertificación, gana terreno en Africa, donde ha afectado
el 73% de sus tierras, lo que es válido para América
del Sur, Asia Central, Australia y los países del Mediterráneo.
En Cuba, según datos oficiales, en once de las catorce provincias
se observan procesos de desertificación; más de un millón
de hectáreas de suelos de nuestro país son áridos,
semiáridos y subhúmedos secos; de un área agrícola
de 6 700 000 hectáreas, el 14% se encuentra afectado por salinidad
y sodisidad, 29 por erosión, 37 por mal drenaje, 41% por baja
fertilidad y 64 por insuficiente contenido de materia orgánica,
todo lo anterior sin contar el sobrecultivo, el petróleo excesivo
y otras acciones negativas. Además, la compactación
cubre el 22 % y la baja retención de la humedad abarca el 34
%.
La tala forestal en las zonas semidesérticas del Sur del Oriente
de Cuba resulta negativa para la vida humana: más calor y menos
agua. La respuesta de la Revolución ha sido la repoblación
forestal. Por ejemplo, en la zona de Los Naranjos, comunidad campesina,
y alrededor de la franja costera del Sur de la provincia de Guantánamo,
se han plantado desde 1980 más de 10 millones de árboles.
LA BASURA
Otro problema grave es el de la basura; sobre todo, en los países
desarrollados. Recordemos que cada ciudadano norteamericano con su
consumismo desatado e irracional bota un promedio diario de más
de 2 kilogramos que si lo multiplicamos por 200 millones de personas,
se eleva a una cifra astronómica. Qué hacer con tantos
desechos, más los industriales, es un problema aun sin solución.
En Cuba, el principal método para el tratamiento de los desperdicios
es quemarlos, lo que a su vez contamina la atmósfera y el suelo,
como se ve claramente en las cercanías del Parque Lenin, en
La Habana.
Muchos paisajes comenzaron a convertirse en enormes basureros desde
el comienzo de la Revolución Industrial, lo que al finalizar
el siglo XX ha creado una crisis extraordinaria y verdaderamente alarmante.
El consumismo desenfrenado ha venido a aumentar ese daño a
la Naturaleza. Debe hacerse hincapié en la culpabilidad que
tienen en este hecho los países capitalistas altamente desarrollados:
el 20 % de la población mundial consume el 86 % del aluminio,
el 81 % del papel, el 80 % de hierro y acero y el 76 % de la madera.
Otro tema decisivo es el del reciclaje y su sustitución por
el concepto de la mejor conservación y perdurabilidad de los
artículos de consumo. Se trata de no producir para reciclar,
sino de producir objetos más perdurables, una revolución
en la industria y el consumo “el gran paso de la economía de
desperdicios a la de la permanencia, de la sustentabilidad. A esa
revolución se le ha llamado de la eficiencia”, como explicó
Césarman.
Referencia
bibliográfica: Antonio Núñez Jiménez.
Hacia una Cultura de La Naturaleza. La Habana: 1998.
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